
Máquina y Naturaleza
La escultura pública de Alberto Replanski
A partir del decenio de los sesenta, el arte público o escultura
monumentaria comenzó a ensanchar sus fronteras conceptuales y formales,
bajo el influjo de las muy diversas prácticas del Arte Contempoáneo. El
trabajo del escultor argentino-canadiense Alberto replanski dentro de
esta altamente visible tradición, además de ser extenso y sostenido, de
algún modo encarna en si mismo la constante renovación experimentada por
todo el género en dicho periodo.
Tras una sólida formación en importantes instituciones como la Escuela
Superior de Artes Plásticas y la Academia de Arte La Carcova
(1962-1970), Replanski inició su ejecutoria en el terreno de la
escultura pública con una obra realizada en un estadio deportivo para la
copa Mundial de Football que auspició Argentina en 1978; tras un
intervalo de diez años experimentando con otros medios y lenguajes,
continuó con la pieza HRM para Artspace (Ciudad de la Paz y
Amenabar, 1989) y El Estudiante (Universidad de Belgrano, 1990),
todas en Buenos Aires. Cuando en 1992 se establece con su familia en
Canadá, su creación en el terreno del arte público se insertará en una
estructura institucional, especialmente diseñada para promover y regular
dicha práctica (tan estrechamente vinculada al urbanismo), en grado
proporcional a la alta importancia que esta posee para toda nación joven,
activa productora de nuevas urbanizaciones óuna fiebre que las empresas
constructoras frecuentemente transmiten también a los viejos espacios
metropolitanos, en su afán por redefinir y reinventar (y reinvertir en)
estos.
La primera obra pública canadiense de Replanski fue The Kildonan
Settlers (1992), emplazada en Winnipeg, Manitoba, donde se afincó
inicialmente con su esposa e hijos. Pocos años más tarde se mudan a
Vancouver, donde produce Articipaction para el Arbutus Shopping
Centre, en 1996. Estas piezas, mayormente realizadas en piedra dentro de
un canon abstracto-geométrico óexcepto la primera, que recurría a un
lenguaje figurativo y naturalista, más acorde con su tema y locación-,
dan paso a una prolífica etapa en la que arriba a nuevos conceptos,
fruto de la propia evolución interna de su trabajo, y accede a una
dimensión bastante cercana a eso que llaman madurez artística. Esta
nueva orientación se comienza a evidenciar en Harmony, proyecto
ganador del concurso convocado en 1998 para ambientar una pequeña plaza
frente al Richmond Financial Centre.
Harmony es una estructura vertical de 8 pies 6 pulgadas de alto
que combina dos sólidas piezas de granito gris -enlazadas por una
plancha de acero- cuyas líneas exteriores se complementan mutuamente,
creando una dinámica y ardua relación de planos y líneas de fuerza entre
la base y la cúspide, rematada por un semicírculo de acero que
complementa otro de mármol blanco. La conjunción de ambos forma un
círculo, en expresión iconográfica de una rueda o cilindro mecánico, que
hace explícita una dualidad semiótica, revestida de connotaciones
industriales en su mitad metálica óposee en su centro un orificio como
invitando nuestra imaginación a insertarle un eje virtual-; mientras la
otra sección, más arquitectónica y marmórea, es rematada por unas
floraciones de sabor Deco que refieren por igual a la naturaleza y a la
sensibilidad modernista. En esta doble metáfora Replanski logra cuajar
una visión estética que reformulará una y otra vez, de diversa manera, a
través de su obra reciente. Esta parece dirigida a examinar la
conflictiva, retadora y, también a veces, contradictoriamente armónica convivencia de los rezagos del periodo industrial con la
naturaleza remanente en nuestra actual era post industrial, marcada por
la revolución informática óque además del vertiginoso trasiego
informativo, también nos ha traído nuevos medios de representación
gráfica y textual.
En su monumental proyecto Múltiplos de Tres (8í x 90í x 3í 6î,
2002), Replanski lleva la dicotomía Máquina-Naturaleza a otra dimensión
y nivel de síntesis, en una forma aun más orgánica con el concepto
urbanístico en que se inserta el proyecto. En este caso, el artista
sustituye el mármol y la piedra, como referentes de la Naturaleza, por
el propio entorno verde para el cual fue concebida la pieza, ganadora
del concurso convocado por la ciudad de Surrey (otra municipalidad de la
red metropolitana que forma el llamado Greater Vancouver) para el Meagan
Anne MacDougall Park. Cada una de las tres enormes y pesadas planchas de
acero galvanizado, se subdivide a su vez en tres piezas, todas quedan
alineadas sobre el césped, en una especie de progresión geométrica, (¿o
cabalística?) que estuviese encaminada a edificar un castillo de naipes
de acero sobre el limpio telón de fondo que hacen los pinos y la montaña,
como queriendo subrayar cuán contrastante es el rojo del óxido contra
los verdes y azules del planeta.
En 2003 participa en la Bienal Internacional de Escultura de Toyomura,
Japón, con Metamorphosis (16î x 12î x 8î), una pieza
relativamente pequeña, para interiores, que recuerda esas grandes obras
de música de cámara que han trascendido el tiempo, a pesar de su
aparente pequeño formato. En evidente alusión al relato kafkiano, el
artista armó una intrincada estructura que combina el mármol, la piedra
y el metal óproveniente de las piezas de una vieja máquina de escribir,
lo cual añade una nueva arista al significado otorgado a este material
en otras obras de Replanski. En este caso las piezas de la máquina de
escribir se funden con el discurso literario del atormentado escritor
checo-judío, los vástagos de las teclas parecen agitarse frenéticamente,
reconstruyendo la ficción de pesadilla y las múltiples patas de
coleóptero de Gregorio Samsa, ahora re-metamorfoseado en bicho de la
generación Terminator óaunque con líneas más armónicas que las
del emblemático personaje cinematrográfico.
Durante el mismo año 2003 crea otras dos piezas en las que vuelve a
analizar el tema máquina-naturaleza, independientemente de los
materiales y función específica de cada una. Portals of the Future
(7í x 2í x 2í) es otra escultura monumentaria, esculpida en piedra
caliza, que fue parte de un proyecto colectivo realizado junto a un
grupo de sus alumnos para ambientar un bucólico parque enclavado en
River Road, Richmond. Su maciza estructura vertical, aunque resuelta con
un material natural y clásicamente escultórico, posee un diseño
abstracto cuyas líneas evocan bastante claramente óen otra vuelta de
tuerca modernista- las formas tecnológicas y futuristas enunciadas en su
título. La otra obra es Mecanical Bird (mármol, hierro fundido y
madera tratada; 6í x 4í x 2í) y en ella Replanski vuelve a combinar la
cruda poesía del objeto encontrado con la nobleza de los
materiales escultóricos más tradicionales. El mármol, esculpido en
referencia iconográfica óque no realista- al ave, corona la composición
que se apoya, en arduo y grácil equilibrio, sobre dos piezas
semicirculares de madera cubierta con pátina de óxido metálico, y
calzadas a ambos lados con objetos reales, aplicando el mismo método con
que usualmente inmovilizamos los neumáticos del auto averiado para
evitar que se deslice pendiente abajo.
En la producción de Alberto Replanski durante el 2004 sobresalen tres
obras en las que persiste esa operación apropiativa, a un tiempo
duchampiana y posmoderna, en las que vuelve a reciclar no sólo partes de
viejas máquinas fuera de uso, sino también fragmentos de tradiciones
culturales específicas, como es el caso de Homenaje al Balero (mármol,
metal y fibra vegetal, 7í x 10î x 10î) en la que integra una vieja
columna, de aire neo-clásico órescatada de alguna demolición- con el
juguete tradicional argentino consistente en un mate seco con un
orificio orlado de tachuelas y unida por un cordón a un cabo de madera
en que debe ser insertada al vuelo. Por su parte, Sophia (hierro
fundido, granito y acero, 9í 6î x 3í x 3í) está dedicada a la nieta que
le nació ese año y fue construída en una suerte de euforia creativa al
obtener en un taller de barcos vecino a su estudio en Steveston ópoblado
fundado por pescadores japoneses a la orilla del río Fraser-, la armazón
de un motor desechado sobre el cual compuso una majestuosa estructura
que intercala los metales y el granito en una secuencia ascendente que
le otorga al conjunto una cierta espiritualidad gótica.
La otra pieza concebida por el artista en ese año fue el proyecto
ganador del concurso internacional convocado por el Estado de Lousiana
para el Memorial a los bomberos fallecidos el 11 de septiembre de 2001
en Nueva York, que terminó de instalar en febrero de 2006 en el State
Fire Marshall Building, de Baton Rouge. La premisa fundamental de la
convocatoria era diseñar un monumento que integrara un fragmento de viga
original de las Torres Gemelas, lo cual es totalmente coherente con la
poética recicladora practicada por Replanski en los últimos años. Esto
cuajó en una propuesta que impactó unánimemente al jurado, la tarde que
le tocó mostrar la maqueta y fundamentar el concepto de su proyecto. El
monumento es sostienenido por dos grandes bloques de piedra, de 9 pies
de alto, dispuestos paralelamente a ambos lados de la viga, que descansa
horizontalmente, de atrás hacia adelante, a una altura que puede ser
tocada por una persona de estatura regular, lo cual crea también un
espacio interior transitable, iluminado desde abajo. Los laterales,
revestidos con dos planchas de metal de 11 pies de alto, crean líneas
dinámicas diagonales hacia delante, que en la vista frontal son
complementadas por travesaños de acero inoxidable, en sencillas formas
geométricas que sugieren un águila con las alas extendidas, sosteniendo
la viga entre sus patas.
Por su complejidad formal y conceptual óademás de su belleza y
dimensiones físicas- este es el proyecto más importante realizado hasta
la fecha por Alberto Replanski, confirmando su arribo a ese estado de
gracia que puede ser la madurez profesional, para un artista
latinoamericano que ha logrado reinventarse a sí mismo y su obra, a
fuerza de talento y voluntad, en los meandros no siempre plácidos de la
experiencia migratoria, tipificando ejemplarmente esa clase de artista
que la curadora española Menene Gras Balaguer1 hace unos años definió
como atravesado, aludiendo su capacidad para vivir y crear
tendido como un puente entre dos culturas, entre el pasado y el presente
-o mejor aún, entre el presente y el futuro.